LA "NARCO CULTURA" COLOMBIANA

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La década de los 90 fue un punto crucial en el desarrollo de la historia del país, el surgimiento del conflicto armado, la consolidación de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), el auge del narcotráfico a gran escala, la violencia desmedida, terrorismo y muerte etc. En este lapso de tiempo plagado de flagelos, a la sombra de la indiferencia política y social, empezó a germinar en nuestro país, esa pérfida semilla denominada la “narco cultura” que nos golpea insaciable hasta nuestros días.

 

La inmediatez, el dinero fácil, la obtención del poder, la violencia como medio de resolución de conflictos, todos estos fenómenos es lo que reina en el orden social actual de Colombia, aunque muchos lo nieguen. En estadísticas oficiales somos el país con más endeudamiento individual en la región según el estudio Rising Latinos, de Kantar Worldpanel. O también entre los países más violento del continente según el Índice Global de Paz (IGP).

Pero, ¿Qué efectos tiene esto sobre nuestro país? La respuesta es simple, esta “narcocultura” no invade sólo la mente de la población común, sino también la de nuestros gobernantes. Para nadie es un secreto que la corrupción política afecta de forma contundente muchos aspectos del desarrollo del país, y esto, en conjunto con un pueblo que es sumiso en sus problemáticas más profundas, crea un caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de todo tipo de acciones maquiavélicas en su sentido filosófico. Somos la descripción perfecta del hombre moderno descrito por Nietszche, vivimos en la eterna crisis materialista que se desprende de cualquier cosa metafísica.

La clave para lograr un cambio radical en la situación del país, no es solamente culpar a la clase política o burgués, o resignarnos a que hagan con el erario público lo que se le venga en gana. La clave es, cambiar la mentalidad del común, eliminar la idea de que todo tiene que surgir ya, que la violencia le gana al diálogo, que debemos silenciar y sobrevivir, que nadie remedia esta esta anarquía. Debemos empezar a culturizarnos, pensar en el bien común con honestidad y equidad, no ser permisivos con el delito, castigar con ejemplaridad a las delincuentes de cuello

blanco, donde tengamos cultura política, podamos elegir en conciencia, y el pueblo colombiano sea un actor político con todo el sentido de la palabra.

Cabe citar aquí una frase de Marco Palacios en su libro Entre la legitimidad y la violencia que puede resumir de manera muy concisa el comportamiento del pueblo respecto a sus problemas sociales: “…el país se derrumba, y nosotros de rumba.” Sirviendo pues, como metáfora del materialismo generalizado de búsqueda del placer individual, y del desinterés general de la gente por el desarrollo del país, y de la indiferencia a situaciones de importancia nacional como las elecciones, el tratado de paz, etc.

Es pertinente, a modo de cierre, aclarar que, los perjuicios que sufrimos como herencia de nuestro pasado no es culpa solamente del hecho histórico, sino de cómo interpretamos los mismos. Debemos dejar de ver a los antiguos criminales como ídolos, y abandonar mentalidades retrógradas del más fuerte, de la obtención inmediata de las cosas, y la de colocar el beneficio propio por encima de la integridad de los demás; la narcocultura es algo que ignoramos, pero que invade nuestra a nuestra gente, y debe empezar a tratarse para sustraernos a todas las problemáticas que ello contrae.

 

Por. LUIS CARLOS LOZANO OSPITIA

Escritor, abogado y columnista

JEFFERSON LOZANO GIL,

Estudiante de Sociología de la Universidad del Valle.

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