HISTORIA DE LOS “MACHOS ALFAS” HUMANOS

En esa necesidad social de tener un líder, algunas naciones han pagado caro el hecho de escoger a conductores que extralimitaron su autoridad y resultaron siendo peor que las bestias, al ser los causantes de verdaderos genocidios que pasan desapercibidos en la historia.

 

 Resultado de imagen de tribus prehistoricas

 

“Si el ser humano fuera salvaje, sería más humano, a su género no destruiría” (L.C.L.O.)

 

A pesar de todo lo que hemos evolucionado y con esa evolución todo lo que hemos alcanzado en diversos campos, los seres humanos no hemos dejado atrás ese vínculo que nos identifica con la mayoría de seres vivos que habitan el planeta Tierra, especialmente los animales (familia a la cual no hemos dejado de pertenecer por más que hayamos avanzado o desarrollado), como es la búsqueda de un “macho alfa” que nos conduzca por el intransigente y convulsionado mundo que hemos forjado a nuestro alrededor, que si fuera visto por una raza extraterrestre, sería calificado como complejo y cruel.

Durante toda la existencia de los hombres sobre esta superficie planetaria, se han dedicado a buscar “machos alfas” que lo conduzcan socialmente, así los sometan a sus veleidades, caprichos y sus errores, hasta el punto que son la causa que lo han puesto bajo la amenaza de desaparecer (Estados Unidos – Corea del Norte) al diezmarse entre ellos mismos, al generar guerras que han dejado cientos de miles de cuerpos en los campos de batalla, sirviendo de festín a los cuervos, gallinazos y otras especies que fueron creadas para limpiar las inmundicias que dejan nuestros odios de seres avanzados.

Los ejemplos, escritos por la prehistoria y la historia, han hecho perder la cuenta de las veces que el hombre se ha enfrentado a sus semejantes, siguiendo las órdenes de un jefe tribal, un señor feudal, un faraón, un rey, un príncipe, un gobernador y de un presidente, hoy el más alto honor del que puede gozar ese “macho alfa” ante la necesidad de los demás de tener quien los oriente, los conduzca y los lleve a la victoria, pero también al desastre, la humillación, el sometimiento que esclaviza y trasgrede su propio género.

Mientras vivió nómada, alejado del resto de sus congéneres, el hombre no fue víctima de las masacres causadas por las luchas tras el poder absoluto, para preservar o invadir territorios.

 

Religión y política

 

Y en la búsqueda de ese “macho alfa” juegan papel importante toda una serie de elementos que funcionan en la sicología del hombre, siendo los dos más importantes la religión y la política, que en sus concepciones son los dos grandes condicionantes para que el hombre se someta a las veleidades de un pequeño grupo dominante que encasilla y castra la mente de sus doctrinados.

Al estudiar con detenimiento la historia de cada uno de los pueblos, tanto antiguos como modernos y/o contemporáneos, uno encuentra que el hombre se ha sacrificado por todo o por nada, haciendo realidad un patrón que uno haya hasta en las hormigas, pequeños insectos que no pueden convivir teniendo en cuenta el color, tamaño y territorio en el que habiten.

Y siempre se requiere de un líder, sobre el que “recaigan” los honores pero también los horrores de la conducta humana llevada al extremo.

Esa historia nos trae el recuerdo de tipos como Genghis Khan, el “macho alfa” de los mongoles, acusado de ser el causante de la muerte de cerca de 40 millones de personas, que entre 1206 y 1227, representaban el 11.1% de la población del mundo de aquellas calendas.

Y qué decir de Joseph Stalin, líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (otrora la gran potencia mundial junto a Estados Unidos), a quien se le achaca la muerte de 20 millones de personas que no estaban de acuerdo con sus políticas. ¿Dónde se queda Mao Zedong, responsable, según los historiadores, de la muerte de 40 millones de chinos para hacer realidad la revolución que impuso el comunismo en ese inmenso país?

 

 

Masacres

 

“Machos alfas” asesinos hay muchos registrados en la prehistoria y la historia: Pero sobresale, al igual que los anteriores, uno a quien no le perdonarán nunca haber sido el causante de un desangre mundial que cobró la vida de más de 66 millones de personas en varias regiones del mundo: La veleidad humana en su máxima expresión: Adolfo Hitler, apoyado por un pueblo arrogante que después debió someterse a la humillación de la derrota tras la victoria aliada cuando se creía invencible.

Recorrer los hechos que se convierten en un recorderís para no volver a cometer los mismos errores y aquellos eventos que no dejan de causarnos asombro por lo despiadada que resulta la humanidad como primer eslabón de la evolución, nos lleva también a sacar a la luz situaciones como las masacres cometidas, siguiendo las órdenes de esos individuos a los que la mayoría puso por encima de ella: Nankín, la antigua capital china, donde los japoneses cometieron la masacre de 80 mil hombres y mujeres siguiendo las órdenes del emperador; Babi Yar, en Kiev (Ucrania) donde 33 mil judíos fueron asesinados por esa condición religiosa, o los trágicos hechos de San Bartolomé (Francia), que desencadenaron en la muerte de 30 mil hugonotes por declararse en franca rebeldía (disidencia) contra la fe católica y sus excentricidades..

Y ya que trajimos a colación la palabra disidencia, reseñemos que ha sido la actividad más peligrosa en ese mundo en el que los humanos montamos por encima de nosotros a una “pléyade de machos alfas” para que nos conduzcan al cadalso en muchas ocasiones y muy pocas veces a la gloria.

Estar en contravía de los intereses de esa minoría dominante es sinónimo de muerte o persecución de familias enteras, que deben huir o desplazarse hacia territorios donde no los alcance el rigor del régimen de turno, encabezado por un “macho alfa”.

 

Temor a lo desconocido

 

Y surge la pregunta del millón: ¿Qué factores inciden de manera manifiesta para buscar, de forma colectiva, un “macho alfa” que termine condicionando la cotidianidad y el libre quehacer que tiene el hombre desde su nacimiento?

Muchas veces me he preguntado ¿por qué el hombre terminó creando dioses, sacerdotes y sacerdotisas que estaban siempre por encima de él? Para los antiguos egipcios, por ejemplo, el faraón era un ser superior que podía hacer con sus súbditos lo que quisiera. Su condición de dios lo hacía intocable e indestronable y podía originar catástrofes humanas bajo esa conducción. Y esa condición la dieron los hombres porque era otro ser con los mismos defectos que los demás pero era un ser supremo para sus congéneres de la época.

En ese contexto es llamativo lo que ocurrió con dos grandes civilizaciones: griegos y romanos se inventaron seres poderosos que mantenían en constante guerra y a los que los hombres de su pueblo o raza, debían someterse sin disidencia so pena de morir de la peor de las formas.

Y resulta paradójico que sólo un pueblo, el hebreo, seguía a un dios invisible al que no le agradaban las ofrendas humanas sacrificadas dizque para complacerlo, como sí ocurría con las otras culturas antiguas.

Se concluye, que esa sociedad humana sentía temor por lo desconocido, por lo que era necesario crear los fetiches que ayudaran, bajos los aspectos esenciales de la creencia, a derrotar los demonios que rondaban al hombre y lo conducían a la muerte. Un mar sicológico incontrastable y desconocido para ellos.

 

Su majestad el rey

 

A medida que pasó el tiempo y el hombre empezó a conocerse y a dejar atrás la influencia divina de otros iguales a él, la forma de conducir a los demás fue tomando otras denominaciones y aparecieron los reyes, los príncipes y los regentes, que por su condición de “machos alfa” eran intocables al punto de no poder mirárselos a la cara so pena de morir por esa osadía y rebeldía.

Sin embargo, la revolución francesa de 1789 puso al descubierto que esos hombres de la cúpula dominante tenían la misma sangre roja que los plebeyos y fueron ajusticiados en la horca, en el mayor festín de disidencia que registra la historia, al ser el “comienzo” para considerar a los hombres iguales entre sí, sin atributos divinos que obligaran a someter a unos frente a otros.

Y sirve ese salto histórico como hecho relevante que va a crear otras condiciones para seguir dominados bajo otros títulos, al amaño de hombres que lograron sobresalir ante los demás por diversos hechos que sería largo de explicar en estas líneas.

Aparecen los presidentes y jefes de Estado elegidos por el voto de las minorías convertidas en mayoría, porque estás se desinteresaron de la suerte que podrían correr las nacientes naciones que se fueron formando tras el avance de la revolución gala.

 

“Machos alfas” colombianos

 

Y desde 1810, en el caso colombiano, hemos tenido nuestros “machos alfas” que condujeron al país a la debacle en defensa de sus propios intereses, rodeados de unas camarillas que se fueron entronizando como clases dominantes, de las que tenían que salir los sucesores de los gobernantes de turno, combatidos por las

disidencias de sus momentos, dando forma a los ríos de sangre que han caracterizado a un país cuyos habitantes lo que más desconocen es la realidad de su propia historia.

Y en pos de esa sociedad que requiere de líderes de cartón, de papel o de cualquier cosa para que la conduzca, hemos tenido de todo, como más de 200 años de guerras intestinas que tenían como único fin apoderarse de la tierra ajena. Esa forma de ser, al parecer, se metió en los genes, al punto que no aceptamos que vivamos en paz y queremos mantener la confrontación azuzados por quienes ganan con la debacle, como un señor de apellido Uribe Vélez (macho alfa), que no puede aceptar ni por el p…., que esté país camine por un sendero diferente a las 20 décadas transcurridas.

Y como ha mostrado la historia a lo largo de sus páginas, para que existan tipos como Uribe Vélez o como Nicolás Maduro (el caso excepcional de nuestro tiempo) en Venezuela, deben existir los machos beta (Juan Manuel Santos, en el caso colombiano, o Enrique Capriles, al otro lado de la frontera) y los machos omega, dispuestos siempre a ser pisoteados, sin importar que el macho alfa tenga los peores defectos para seguirlo o se le conozcan secretos non santos que les quitan ese carácter divino que sus seguidores quieren hacerles ver a toda costa.

En vez de evolucionar al son de la tecnología estamos enclaustrados en el tiempo, siguiendo líderes por los que no deberíamos dar un peso, si tuviéramos un carácter sicológico más nómada, que no se queda con lo que primero encuentra para elevarlo a la categoría de dios con pies de barro.

Y surge otra pregunta del millón: ¿Cuándo será el día o la fecha en que los colombianos no tragan entero, participan y eligen verdaderos líderes humanos (no machos alfas), dispuestos a llevar al país por un sendero donde todos seamos iguales y se evite que tantos muchachos, por ejemplo, no pasen de los treinta años y los que están vivos se encuentren presos en una cárcel de máxima seguridad de cualquier lugar de Colombia solo por carecer de reales oportunidades?

La respuesta es solo nuestra y requiere de verdadera convicción.

 

 

Por LUIS CARLOS LOANO OSPITIA

Abogado-escritor colombo-español.

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